El nearshoring está redibujando el mapa industrial global y Argentina está empezando a captar una parte de ese movimiento. Las empresas multinacionales que buscan instalar plantas de producción cerca de sus mercados de consumo —principalmente Estados Unidos— están mirando a América Latina con renovado interés. México acapara la mayor parte de esa demanda, pero Argentina tiene activos que empiezan a pesar en las decisiones de localización: mano de obra calificada, estabilidad de proveedores industriales, energía competitiva y una industria manufacturera con historia. Para el sector de la construcción, cada planta industrial que se instala en el país es una obra de envergadura. Y el nearshoring, si se consolida, puede multiplicar esa demanda de manera significativa.
Qué es el nearshoring y por qué Argentina está en el radar
El nearshoring es la práctica de trasladar operaciones de producción a países cercanos al mercado final, en lugar de mantenerlas en Asia. El fenómeno se aceleró después de la pandemia, cuando las cadenas de suministro globales mostraron su fragilidad. Las empresas norteamericanas que dependían de fábricas en China empezaron a buscar alternativas más cercanas y con menos riesgo geopolítico. México fue el gran beneficiario inicial: su frontera con Estados Unidos, el tratado USMCA y décadas de experiencia en manufactura para el mercado norteamericano lo convirtieron en el destino natural. Pero la saturación de algunas zonas industriales mexicanas y el interés en diversificar están empujando a las empresas a mirar más al sur. Brasil tiene escala, Colombia tiene posición estratégica y Argentina tiene mano de obra calificada en sectores como metalmecánica, química, farmacéutica y alimentos. La recuperación de la estabilidad macroeconómica es un factor determinante: ninguna multinacional instala una planta donde no puede calcular sus costos a mediano plazo.
Qué tipo de plantas industriales se están instalando
Los sectores con mayor actividad de nearshoring hacia América Latina incluyen la industria automotriz y de autopartes, la industria electrónica y tecnológica, la farmacéutica, la agroindustria de valor agregado y la logística. Cada uno de estos sectores tiene requerimientos constructivos específicos muy diferentes. Las plantas automotrices y de autopartes son obras de gran escala: galpones de varios miles de metros cuadrados, losas industriales de alta resistencia para el tránsito de maquinaria pesada, sistemas de ventilación y control de temperatura, tanques de tratamiento de efluentes y accesos para transporte de gran porte. Las plantas farmacéuticas requieren salas limpias con condiciones estrictas de temperatura, humedad y presión positiva: obras de mayor complejidad técnica pero menor escala. Las plantas de logística son los proyectos más accesibles: grandes superficies con pocas especificaciones técnicas especiales pero alta demanda de movimiento de suelos y obras de infraestructura.
El rol de los parques industriales y zonas francas
Las inversiones de nearshoring no se instalan en cualquier lugar: buscan parques industriales con infraestructura básica completa, zonas francas o áreas de actividad económica especial con beneficios impositivos, y localizaciones con acceso a puertos, aeropuertos y corredores logísticos de primer nivel. En Argentina, los puertos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca son los puntos de referencia para las industrias exportadoras. Las zonas industriales más desarrolladas están en el corredor Rosario-Buenos Aires y en el entorno de las ciudades con mayor tradición manufacturera: San Luis, Córdoba, Mendoza. Las zonas francas existentes —Zofraport, La Plata, Córdoba, Mendoza— están viendo un interés creciente de inversores. Para las empresas de construcción del sector, la oportunidad está en participar tanto en el desarrollo de la infraestructura de los parques como en la obra de las plantas individuales.
Desafíos técnicos de la construcción industrial para exportación
Las plantas industriales destinadas a producción para exportación tienen estándares técnicos más exigentes que la construcción industrial local tradicional. Las multinacionales llegan con especificaciones propias —muchas veces redactadas según normas internacionales— que los constructores locales tienen que ser capaces de interpretar y ejecutar. Esto implica trabajar con losas de hormigón de alta resistencia con tolerancias milimétricas, sistemas de fundación diseñados para cargas muy específicas, instalaciones eléctricas que cumplen con normas internacionales y en muchos casos obras de tratamiento de efluentes más complejas que las habituales en la industria local. Las empresas de excavación y demolición que quieran participar en este segmento tienen que estar preparadas para trabajar con estas exigencias. La preparación del terreno, las excavaciones para fundaciones y la infraestructura subterránea de servicios son el primer paso y son críticos para que todo lo que viene encima funcione bien.
Cómo posicionarse ante el nearshoring desde el sector
Desde CAEDE vemos el nearshoring como una oportunidad estratégica para el sector de la construcción industrial argentina. Las empresas que quieran participar en este mercado tienen que hacer varias cosas antes de que lleguen los proyectos concretos: familiarizarse con los estándares técnicos internacionales, establecer contacto con desarrolladores de parques industriales y zonas francas, y en algunos casos buscar certificaciones que acrediten capacidad de ejecución según normas internacionales. También es importante estar presentes en los canales donde se mueve la información sobre nuevas inversiones: agencias de promoción de inversiones como la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, cámaras binacionales y eventos del sector. El nearshoring no es una ola que llegó y ya está: es un proceso de reconfiguración industrial global que va a seguir por muchos años.