El acceso al agua potable y al saneamiento básico sigue siendo una deuda estructural de la Argentina: según datos de INDEC y del Ministerio de Obras Públicas, más de 8 millones de personas en el país no tienen acceso a red de agua potable formal, y más del 40% no está conectado a la red cloacal. Detrás de esas cifras hay una demanda enorme de obra civil que el sector de la construcción debe estar preparado para absorber. En este análisis, CAEDE te cuenta el estado del sector y cómo posicionarte.
El déficit de saneamiento en Argentina: números que no mienten
El Ministerio de Infraestructura estima que para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en materia de agua y saneamiento al 2030, Argentina necesita invertir no menos de 15.000 millones de dólares en los próximos años. La brecha más crítica está en el conurbano bonaerense, el Gran Rosario y los centros urbanos intermedios del norte del país (Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes). En el AMBA, AySA (Agua y Saneamientos Argentinos) lleva adelante un Plan Director con horizonte 2030 que incluye la extensión de redes en municipios del segundo y tercer cordón del conurbano, ampliaciones de plantas potabilizadoras y la construcción de nuevos colectores cloacales. Este plan es financiado en parte con crédito del Banco Mundial y del BID. En el interior, las empresas provinciales de agua (ABSA en Provincia de Buenos Aires, ASSA en Santa Fe, EPOS en Neuquén, entre otras) tienen sus propios planes de expansión con financiamiento mixto. La fragmentación del sector —cada provincia tiene su prestador— hace que el mapa de licitaciones sea amplio y diverso: no hay una sola ventanilla, sino docenas de organismos que contratan simultáneamente.
Tipos de obra de saneamiento: lo que demanda el sector
Las obras de agua y saneamiento son un universo propio dentro de la construcción. Para las empresas de excavación y movimiento de suelos, los trabajos más frecuentes son los siguientes. Tendido de redes: la instalación de cañerías de agua potable (PVC, PEAD, hierro dúctil) y de cloaca requiere zanjas de entre 1 y 4 metros de profundidad según el diámetro y la topografía. En suelos urbanos con otros servicios subterráneos, la excavación debe ser cuidadosa y muchas veces manual o con mini-máquinas. Plantas potabilizadoras y de tratamiento: la construcción de estas instalaciones implica excavaciones para tanques de almacenamiento, cámaras de bombeo, decantadores y filtros. Son obras de ingeniería civil de mediana a gran envergadura. Colectores cloacales: los colectores troncales (cañerías de gran diámetro que recogen el caudal de varias redes secundarias) pueden requerir microtunelación o empuje de caños en suelos difíciles, lo que es una especialidad técnica de alta demanda y pocos competidores. Estaciones de bombeo: estructuras civiles para alojar grupos de bombas que impulsan el líquido cuando la topografía no permite flujo gravitatorio. Obras de conexión domiciliaria: la extensión desde la red hasta el lote del usuario es la escala más pequeña pero la más masiva en número. En programas de urbanización de villas y asentamientos, estas conexiones se hacen por miles.
Financiamiento: de dónde viene la plata para estas obras
El sector de agua y saneamiento tiene varias fuentes de financiamiento que conviene conocer para entender cómo y cuándo se licitan las obras. Banco Mundial: tiene un programa activo en Argentina para el sector hídrico con compromisos de financiamiento que llegan a los 1.000 millones de dólares en la cartera actual. Las obras financiadas por el Banco Mundial tienen procesos de licitación más rigurosos (rigen las normas del Banco) pero también pagos más regulares. BID: similar al Banco Mundial, con fuerte presencia en obras de agua y saneamiento en ciudades intermedias del interior. CAF: el banco latinoamericano también tiene proyectos activos, especialmente en provincias del norte. Tesoro Nacional + provincias: hay obras financiadas con fondos propios del Estado Nacional (a través del ex-ENOHSA, hoy integrado en la Secretaría de Obras Hidráulicas) y de los gobiernos provinciales. Estas obras pueden tener más variabilidad en los tiempos de pago. Fondos FONAVI y similares: los fondos de desarrollo urbano también financian infraestructura de servicios básicos en conjuntos habitacionales.
Microtunelación y tecnologías de excavación sin zanja: la frontera del sector
Una tendencia creciente en las obras de saneamiento urbano es la excavación sin zanja (trenchless technology): técnicas que permiten instalar o rehabilitar cañerías sin abrir el suelo. Las más usadas en Argentina son la microtunelación (para tuberías de gran diámetro), el empuje de caños (pipe jacking), y la rehabilitación por curado en sitio (CIPP, Cured-In-Place Pipe). Estas técnicas son especialmente valiosas en zonas urbanas consolidadas donde abrir zanjas interrumpe el tránsito, afecta el comercio y puede dañar otros servicios. El costo por metro lineal es más alto que la excavación tradicional, pero el costo total del proyecto (incluyendo reposición de pavimento, desvíos de tránsito y plazos de obra) suele ser menor. Para las empresas de CAEDE, la microtunelación es un nicho con alta barrera de entrada (requiere equipamiento específico y personal calificado) pero también alta rentabilidad y pocos competidores directos. Algunos operadores argentinos tienen equipos propios; otros los alquilan con operario a proveedores especializados. El mercado está creciendo: AySA ya incluyó microtunelación en varios contratos del Plan Director, y las empresas provinciales están siguiendo el ejemplo.
El programa de urbanización de villas: obra a escala masiva
El programa de integración sociourbana (ex-RENABAP) que incluye la urbanización formal de villas y asentamientos informales es uno de los mayores generadores de obra de saneamiento en el país. Hay más de 5.500 barrios populares registrados, muchos sin redes de agua y cloaca. La urbanización de cada barrio implica: diseño de la red interna, extensión desde la red existente más cercana, conexiones domiciliarias, y a veces plantas de tratamiento propias cuando no es posible conectarse a la red troncal. Estas obras se licitan a través del INAES (en el caso de cooperativas) y de organismos provinciales y municipales. El trabajo es de escala mediana, distribuido geográficamente, y con componente social importante: muchas licitaciones exigen participación de mano de obra local del propio barrio. Para empresas que quieren diversificar su cartera de obra pública, el segmento de urbanización de villas es una alternativa interesante: los montos son más accesibles, los plazos más cortos, y la demanda es constante porque el déficit es enorme.