El verano de 2024 dejó marcas profundas en varias provincias argentinas. Córdoba, Corrientes, Misiones, Neuquén y Río Negro sufrieron incendios forestales de magnitud inusual, con miles de hectáreas afectadas, viviendas destruidas e infraestructura dañada. No fue un evento excepcional: desde 2020, los grandes incendios se repiten con mayor frecuencia, mayor intensidad y mayor impacto en zonas habitadas. Detrás de cada incendio hay un proceso de reconstrucción que involucra directamente al sector de la construcción: demolición de estructuras dañadas, rehabilitación de accesos, reconstrucción de viviendas y servicios, y —en algunos casos— rediseño de la relación entre la urbanización y el monte. Es un mercado que pocas empresas tienen en el radar, pero que va a ser recurrente.
El ciclo de destrucción y reconstrucción
Un incendio forestal que afecta zonas habitadas genera daños en tres categorías. La primera es la destrucción total: viviendas, galpones, depósitos y estructuras que ardieron completamente. En estas zonas la prioridad post-incendio es el retiro de escombros y materiales peligrosos (chapas, vidrios, estructuras metálicas deformadas, tanques con residuos), la demolición de lo que quedó en pie pero es inseguro, y la preparación del terreno para la eventual reconstrucción. La segunda categoría son los daños parciales: estructuras que sobrevivieron pero con daños estructurales, instalaciones quemadas, cubiertas destruidas o paredes comprometidas. Aquí el trabajo es de evaluación técnica y decisión: ¿se repara o se demuele? La tercera categoría es el daño a infraestructura: postes eléctricos, tendidos de fibra, caminos rurales, puentes de madera o acero que se deformaron por el calor. La rehabilitación de esta infraestructura es muchas veces más urgente que la reconstrucción de viviendas porque condiciona el acceso y los servicios del resto de la zona afectada.
Demolición de emergencia: las particularidades del trabajo post-incendio
Trabajar en estructuras afectadas por incendio tiene características específicas que diferencian este trabajo de una demolición convencional. La principal es la imprevisibilidad estructural: el fuego debilita el hormigón (que pierde resistencia por encima de los 300°C), deforma el acero (que se plastifica a partir de los 500°C) y destruye la madera de forma no uniforme. Una estructura que aparenta estar en pie puede estar al borde del colapso. Esto exige evaluación técnica previa por un ingeniero estructural antes de que cualquier operario ingrese al área. La segunda particularidad es la presencia de materiales peligrosos: amianto en cubiertas de fibrocemento antiguo, plomo en pinturas de estructuras industriales, residuos de productos químicos almacenados. El protocolo de seguridad debe contemplar estos riesgos antes de iniciar cualquier trabajo. La tercera particularidad es la urgencia: las comunidades afectadas tienen presión política y social para que el trabajo avance rápido, lo que genera tensión con la necesidad de proceder con cautela técnica. Las empresas con experiencia en este tipo de situaciones —que saben gestionar esa tensión— son las más valoradas.
Reconstrucción en zonas de interfaz urbano-forestal
El concepto de 'interfaz urbano-forestal' (IUF) define las zonas donde el tejido urbano se mezcla con vegetación natural o semi-natural. En Argentina, gran parte de los barrios afectados por incendios en Córdoba, Patagonia y el NEA están en esta categoría. La reconstrucción en estas zonas no debería ser una repetición del estado anterior —porque el estado anterior era justamente el que generó la vulnerabilidad. Hay un debate creciente en el ámbito de la planificación urbana y la gestión de riesgos sobre cómo reconstruir en zonas de IUF con criterios que reduzcan el riesgo futuro: mayor distancia entre vegetación y construcciones, uso de materiales ignífugos o de alta resistencia al fuego, diseño de cortafuegos y accesos de emergencia, etc. Para las empresas constructoras, esto implica conocer normativas específicas de construcción en zona de riesgo de incendio que en Argentina están todavía en desarrollo pero que se van a ir consolidando. Las empresas que empiecen a capacitarse en estas especificaciones van a tener ventaja en licitaciones de reconstrucción post-incendio que sean parte de programas gubernamentales.
Financiamiento de la reconstrucción: quién paga
La reconstrucción post-incendio en Argentina opera en un esquema de financiamiento fragmentado y frecuentemente insuficiente. El Fondo de Emergencia y Desastre del Estado Nacional puede activarse para asistencia inmediata, pero los recursos son limitados y el proceso burocrático es lento. Las provincias tienen fondos propios que varían mucho en magnitud y disponibilidad. Los seguros de vivienda y de campo cubren parte de los daños para quienes los tienen contratados —una minoría en zonas rurales. El BID y el Banco Mundial tienen líneas de financiamiento para gestión de riesgo de desastres que pueden aplicarse a Argentina, pero requieren procesos de negociación y estructura de proyecto que llevan tiempo. En la práctica, gran parte de la reconstrucción en zonas rurales y de interfaz se hace con recursos propios de los afectados, asistencia de ONG y programas provinciales de entrega de materiales —esquemas informales que rara vez involucran a empresas constructoras formales. La oportunidad para el sector está en los programas más estructurados, en las obras de infraestructura y en los proyectos que involucran municipios o reparticiones provinciales como contratantes.
Prevención: obras que reducen el riesgo de incendio
Además de la reconstrucción post-incendio, hay un mercado de obras preventivas que todavía está poco desarrollado en Argentina. Las cortafuegos —franjas de terreno sin vegetación que actúan como barreras al avance del fuego— requieren mantenimiento permanente y en algunos casos construcción de infraestructura asociada. Las vías de evacuación en zonas de interfaz forestal necesitan ser diseñadas, construidas y mantenidas como infraestructura de emergencia. Los sistemas de retención de agua para brigadas de bomberos —tanques, cisternas, puntos de carga— son obras civiles menores pero con alto impacto preventivo. En países como Australia y Estados Unidos, donde la experiencia con grandes incendios es más extensa, hay toda una industria de construcción y mantenimiento de infraestructura de prevención de incendios. En Argentina ese mercado está en sus primeras etapas, impulsado principalmente por municipios y comunidades que aprendieron por las malas la importancia de invertir en prevención.