La construcción modular no es prefabricado barato. Es un sistema de producción industrializada donde los módulos o paneles se fabrican en planta, bajo condiciones controladas, y se ensamblan en obra en fracción del tiempo que requeriría la construcción convencional. En Europa y Estados Unidos, el mercado modular representa entre el 5% y el 10% de la construcción nueva. En Australia creció un 30% en tres años. En Argentina, el sector existe —hay empresas activas, proyectos ejecutados, demanda creciente— pero enfrenta barreras estructurales que frenan su expansión masiva. Este artículo examina el estado real del mercado, los avances concretos y los obstáculos que el sector necesita resolver.
Qué es y qué no es la construcción modular
Hay una confusión frecuente entre construcción modular y prefabricado convencional que vale la pena aclarar. El prefabricado tradicional —paneles de hormigón o ladrillos prefabricados— reemplaza un elemento constructivo pero sigue requiriendo mucho trabajo de ensamblaje y terminación en obra. La construcción modular genuina implica la fabricación de módulos tridimensionales completos o casi completos —con instalaciones eléctricas, sanitarias, terminaciones y equipamiento incluidos— que llegan a obra listos para ser conectados. La diferencia en términos de tiempo de obra es radical: mientras una construcción convencional puede tomar 18 a 24 meses para un edificio residencial de mediana escala, el equivalente modular puede completarse en 6 a 9 meses. La ventaja no es solo de tiempo: la fabricación en planta permite un control de calidad que en obra abierta es muy difícil de lograr. Las tolerancias son menores, el desperdicio de material es hasta un 30% inferior, y las condiciones laborales son más seguras y controladas.
El mercado modular argentino: quiénes están jugando
En Argentina hay un puñado de empresas que hacen construcción modular de forma seria. El segmento más desarrollado es el de módulos habitacionales de emergencia y alojamientos temporarios para obras —campamentos mineros, instalaciones para Vaca Muerta, asentamientos de obra en proyectos de infraestructura remota. Empresas como Modular Space, ModulAR y otros jugadores regionales llevan años proveyendo este nicho con estándares razonables. El segmento residencial urbano es más incipiente: hay proyectos de casas modulares en madera y steel framing en zonas de country y suburbanas, pero el mercado masivo de apartamentos modulares urbanos todavía no despegó. El segmento comercial e industrial tiene más presencia: galpones industriales, plantas de producción, depósitos y centros de distribución con sistemas de paneles de acero o concreto tienen buena penetración en el mercado, especialmente en parques industriales del corredor norte bonaerense y en Rosario.
Avances concretos en 2025 y 2026
En los últimos 18 meses hubo movimientos relevantes en el sector. El plan de vivienda del Ministerio de Infraestructura incluyó una línea para viviendas de construcción industrializada, lo que abrió licitaciones específicas para empresas con capacidad de producción modular. Aunque los montos asignados fueron modestos respecto a la demanda existente, sirvieron para formalizar un canal de financiamiento que antes no existía. En el sector privado, el crédito hipotecario UVA impulsó demanda residencial que algunas desarrolladoras están canalizando hacia productos modulares como forma de acortar los plazos de entrega y acceder a compradores que no pueden esperar 2 años para recibir su unidad. También hubo avances en normalización técnica: el IRAM publicó nuevas normas para estructuras de steel framing que facilitan la certificación de edificios de hasta 4 plantas con ese sistema, lo que amplía el rango de aplicación de los sistemas modulares livianos.
Las barreras que frenan el crecimiento
Si la construcción modular tiene tantas ventajas, ¿por qué no creció más en Argentina? Las barreras son múltiples y se potencian entre sí. La primera es regulatoria: los códigos de edificación municipales están diseñados para construcción convencional y muchas veces no contemplan —o directamente dificultan— la aprobación de proyectos modulares. En algunos municipios del conurbano bonaerense, un edificio con estructura de steel framing enfrenta demoras en la aprobación de planos que anulan la ventaja de tiempo de la construcción modular. La segunda barrera es el financiamiento: los créditos para construcción están diseñados para flujos de fondos de obra convencional, donde se libera dinero por avance de obra. En construcción modular, el mayor desembolso ocurre al inicio —cuando se fabrica en planta— lo que no se ajusta bien a ese esquema. La tercera barrera es cultural: tanto en el mercado de la vivienda como en el de obra pública, persiste el prejuicio de que lo modular es de menor calidad o menor durabilidad, aunque la evidencia técnica indica lo contrario.
El rol del sector de demolición y excavación en el ecosistema modular
La construcción modular tiene implicancias directas para las empresas de demolición y excavación. Por un lado, la demanda de preparación de terreno no desaparece: los módulos necesitan fundaciones que en la mayoría de los casos requieren excavación convencional. Por otro lado, la demolición de estructuras obsoletas para dar lugar a proyectos modulares puede ser un mercado creciente, especialmente en zonas industriales que se reconvierten. Hay además una oportunidad en el subsector de demolición de módulos al final de su vida útil: a diferencia del hormigón convencional, los sistemas modulares permiten una deconstrucción selectiva más ordenada, con mayor recuperación de materiales. Las empresas del sector que se especialicen en la logística de módulos —su transporte, izado y colocación— también pueden encontrar un nicho diferenciado en la cadena de valor de la construcción modular.