La demolición de una estación de servicio es uno de los trabajos más complejos dentro del rubro, no por la estructura en sí —que generalmente es de bajo porte— sino por el pasivo ambiental que estos predios acumulan durante décadas de operación. Tanques enterrados con hidrocarburos, suelo contaminado, vapores de combustibles, surtidores, separadores de agua y aceite: cada uno de estos elementos tiene su protocolo específico de retiro y disposición. En Argentina, la Secretaría de Energía, los organismos ambientales provinciales y los municipios regulan estos procesos. Las empresas del directorio CAEDE trabajan en coordinación con empresas ambientales especializadas para garantizar una demolición completa y legalmente correcta.
El protocolo ambiental previo: la clave de todo
Antes de tocar una sola pared, una estación de servicio requiere una evaluación ambiental del sitio (EAS). Este estudio, realizado por un profesional ambiental habilitado, determina el grado de contaminación del suelo y de las napas freáticas, identifica la presencia de hidrocarburos libres o disueltos, y establece el Plan de Remediación necesario antes de iniciar la demolición estructural.
El principal riesgo ambiental son los tanques de almacenamiento subterráneo (TAS). Estos tanques, generalmente de acero o fibra de vidrio, pueden haber tenido pérdidas a lo largo de los años, contaminando el suelo circundante. La normativa Argentina (Resolución SE 404/94 y actualizaciones) regula el abandono y extracción de tanques, exigiendo:
- Vaciado certificado del tanque por empresa habilitada.
- Purga y desgasificación del interior antes de cualquier trabajo de corte o extracción.
- Certificado de inertización emitido por la empresa especializada.
- Gestión del suelo contaminado como residuo peligroso (Ley 24.051).
Sin estos pasos previos, el trabajo de demolición no puede comenzar. Una chispa en un tanque no vaciado ni desgasificado puede generar una explosión con consecuencias catastróficas.
Etapas de la demolición de la estructura
Una vez completado el protocolo ambiental y con los tanques extraídos o inertizados in situ, comienza la demolición estructural. Las estaciones de servicio tienen una tipología constructiva bastante estándar en Argentina: losas de cubierta de servicio (las grandes marquesinas o coberturas sobre las islas), local de atención al cliente y tienda, sala de máquinas o cuarto de bombas, y foso de lubricación o piso técnico.
Cubierta de servicio (marquesina): generalmente es una losa o estructura metálica con columnas de acero. La demolición comienza por la cubierta y luego se retiran las columnas. En estructuras metálicas, puede optarse por corte con soplete o disco y retiro por partes.
Edificio de servicio: trabajo de demolición convencional con martillo hidráulico o rompedora. Material mixto (mampostería, hormigón, revestimientos cerámicos de alto espesor).
Foso de lubricación: debe vaciarse de aceites y fluidos antes de demoler. El hormigón del foso suele estar impregnado de hidrocarburos, por lo que debe gestionarse como residuo especial.
Separadores agua-aceite y canaletas: elementos de retención ambiental que acumulan décadas de contaminantes. Su retiro requiere empresa especializada en residuos peligrosos.
Certificaciones y cierre legal del proceso
Al finalizar la demolición de una estación de servicio, el propietario necesita obtener una serie de documentos para regularizar la situación del inmueble y poder disponer del terreno (venta, nueva construcción, cambio de uso):
Certificado de demolición municipal: emitido por el organismo de obras privadas o similares del municipio, acredita que la estructura fue demolida y el predio queda limpio.
Informe de cierre ambiental: emitido por el organismo ambiental provincial (OPDS en Buenos Aires, equivalentes en otras provincias). Certifica que el suelo fue remediado o que el nivel de contaminación residual es aceptable para el uso previsto.
Baja ante la Secretaría de Energía: si la estación tenía habilitación de expendio de combustibles, debe tramitarse la baja formal ante el organismo regulador.
Gestión de residuos peligrosos: los manifiestos de traslado y disposición final de suelo contaminado, tanques, líquidos y demás residuos peligrosos deben archivarse como respaldo documental ante cualquier auditoría futura.
El costo total del proceso —evaluación ambiental, remediación, demolición y retiro— puede ser significativamente mayor que el de una demolición convencional. Pero un sitio con pasivo ambiental sin gestionar puede convertirse en un problema legal y económico de largo plazo para el propietario.