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Economia Circular Construccion

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La construcción es uno de los sectores que más residuos genera en el mundo. En Argentina, los escombros de demolición y construcción representan entre el 30% y el 40% del total de residuos sólidos generados, según estimaciones de organismos nacionales de gestión ambiental. La mayor parte de ese material termina en rellenos, vertederos o —en el peor caso— en el ambiente de forma ilegal. Pero hay otra posibilidad: tratar esos residuos como recursos. La economía circular en construcción no es una moda verde ni una utopía de activistas. Es un modelo que en países como Holanda, Alemania y Bélgica ya funciona como industria real, genera empleo y reduce costos de obra. En Argentina está en sus primeros pasos, pero hay más de lo que parece.

Qué es la economía circular aplicada a la construcción

El modelo lineal de la construcción tradicional es: extraer materiales → fabricar → construir → demoler → tirar. La economía circular propone cerrar ese ciclo: lo que sale de una demolición entra como insumo en una construcción nueva. El concepto abarca varias prácticas. La reutilización directa implica recuperar materiales en condiciones suficientes para ser usados nuevamente: ladrillos, vigas de madera, pisos cerámicos, marcos metálicos, equipamiento sanitario. El reciclaje implica procesar materiales para darles una nueva vida en otro formato: el hormigón triturado se convierte en agregado reciclado para bases de caminos o nuevas construcciones; el acero de demolición va a la fundición para producir nuevo acero; el vidrio se muele para uso como árido en morteros. La valorización energética es el último recurso: materiales que no tienen valor como material (maderas muy deterioradas, plásticos compuestos) pueden ser procesados para generar energía. En todos los casos, el objetivo es reducir lo que va al vertedero y reducir la extracción de materiales vírgenes.

El mercado del agregado reciclado en Argentina

El caso más desarrollado de economía circular en la construcción argentina es el del hormigón reciclado. Existen plantas de trituración que procesan escombros de hormigón y los convierten en agregado grueso reciclado (AGR) y agregado fino reciclado (AFR). El AGR se usa principalmente como base granular en obras viales —en reemplazo de la piedra partida de cantera— y como relleno de excavaciones. Algunas normas provinciales de obra vial ya contemplan el uso de AGR con porcentajes máximos definidos. El problema del mercado argentino es la inconsistencia del suministro: las plantas procesadoras necesitan flujo constante de escombros de calidad conocida, y las demoliciones no siempre proveen eso. Las demoliciones selectivas —que clasifican el material en origen antes de demoler— son clave para mejorar la calidad del material reciclado, pero requieren más tiempo y costo operativo que la demolición convencional. Hay una oportunidad real para empresas de demolición que desarrollen la capacidad de demolición selectiva y se vinculen con plantas procesadoras para cerrar ese ciclo localmente.

Reutilización de elementos: el mercado incipiente de materiales de segunda mano

Hay un mercado informal y semi-formal de materiales de construcción recuperados en Argentina que existe hace décadas pero que nunca se formalizó del todo. Los ladrillos de demolición, las baldosas calcáreas, los pisos de madera, las rejas de hierro forjado y los sanitarios de cerámica se venden en corralones especializados o directamente desde las obras de demolición. En barrios históricos de Buenos Aires, Rosario o Córdoba, donde hay demolición de edificios patrimoniales, los materiales recuperados tienen valor de mercado elevado y hay demanda real de compradores que los buscan para restauraciones y reformas de edificios del mismo período. La formalización y escala de este mercado es un territorio casi virgen en Argentina. Modelos como los 'deconstruction yards' estadounidenses o los mercados de material recuperado holandeses no tienen equivalente formal en el mercado local. Una empresa o asociación del sector que cree esa estructura —registro de materiales disponibles, evaluación de condición, almacenamiento y venta— podría capturar un nicho con demanda real y muy poca competencia organizada.

Normativa y barreras regulatorias

La principal barrera regulatoria para la economía circular en construcción en Argentina es la clasificación de los residuos de demolición. En la mayoría de las jurisdicciones, los escombros se clasifican como residuo sólido urbano especial, lo que implica que su transporte y disposición requieren habilitación específica. Sin embargo, los procesos para que ese mismo material sea reclasificado como 'insumo reciclado' y salga del régimen de residuos son complejos, inconsistentes entre jurisdicciones, y muchas veces no contemplan las operaciones de procesamiento intermedias. Esto genera una paradoja: la empresa que quiere hacer economía circular con escombros enfrenta más trabas regulatorias que la que simplemente los manda a un relleno. Es un problema de diseño normativo que las cámaras del sector pueden contribuir a resolver, impulsando un marco específico para áridos reciclados y materiales recuperados que facilite su comercialización legal y transparente.

Casos y oportunidades para el sector de demolición

Para las empresas de demolición, la economía circular no es solo un compromiso ambiental —es una oportunidad de negocio si se estructura bien. La primera oportunidad es reducir los costos de disposición de escombros: si parte del material se valoriza como reciclado, se paga menos transporte y menos arancel de vertedero. La segunda es generar un ingreso adicional: los materiales recuperados (ladrillos, metales, madera, sanitarios) tienen valor de reventa que puede compensar parte del costo de la demolición selectiva. La tercera —la más estratégica— es diferenciarse en el mercado: hay clientes, especialmente en el segmento de obra corporativa y en proyectos de certificación LEED o EDGE, que valoran y a veces exigen un plan de gestión de residuos de demolición con tasa de desvío de vertedero mayor al 50%. Las empresas que puedan acreditar ese desempeño con documentación tienen acceso a ese segmento. El primer paso es simple: en la próxima obra, pesificar los materiales que salen por categoría y calcular cuánto termina reciclado versus vertedero. Ese número es el punto de partida para construir una propuesta diferenciada.

En resumen

La economía circular en construcción no es ideología: es un modelo de negocio que reduce costos, genera valor con lo que hoy se descarta, y abre nichos diferenciados en un mercado competitivo. El sector de demolición argentino tiene una posición privilegiada para aprovecharlo —porque genera el insumo que el ciclo circular necesita. El primer paso es dejar de ver los escombros como un problema y empezar a verlos como una materia prima.

Preguntas Frecuentes

No existen estadísticas oficiales precisas, pero estimaciones del sector sugieren que menos del 20% de los residuos de demolición se recicla o reutiliza de forma documentada. El resto va a vertederos habilitados o, en muchos casos, a disposición informal. En países europeos con economía circular madura, ese porcentaje supera el 70%.

Sí, con limitaciones. El agregado grueso reciclado (AGR) de hormigón tiene buena performance como base granular en obras viales y como relleno de excavaciones. Su uso en hormigones estructurales nuevos está contemplado en algunas normas internacionales pero con restricciones en el porcentaje de reemplazo del árido natural (generalmente hasta el 30%). En Argentina no hay norma específica vigente para hormigones con AGR, lo que frena su uso en obras certificadas.

La demolición convencional mezcla todos los materiales y los retira como escombro conjunto. La demolición selectiva clasifica los materiales en el origen —ladrillos, hormigón, acero, madera, vidrio— antes o durante la demolición, permitiendo que cada fracción tenga un destino específico (reciclaje, reutilización, valorización). Es más lenta y cara, pero genera materiales de mejor calidad para el mercado de reciclados.

Hay corralones especializados en materiales de demolición en las principales ciudades, especialmente en el conurbano bonaerense, Rosario y Córdoba. También existe venta directa desde obra a particulares para materiales específicos (baldosas, maderas, sanitarios). Plataformas de segunda mano como Mercado Libre tienen secciones de materiales de construcción usados con demanda activa.

Sí. La certificación LEED (y su equivalente argentino EDGE) tiene créditos específicos para la gestión de residuos de construcción y demolición, que exigen documentar el porcentaje de material desviado del vertedero mediante reciclaje o reutilización. Los proyectos que buscan certificación verde necesitan empresas de demolición que puedan documentar esa gestión con informes verificables.

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