Cuando se analiza por qué una obra sale más cara de lo presupuestado, los dedos apuntan siempre a los mismos sospechosos: el costo del acero, el cemento, la mano de obra. Pero hay un factor que rara vez figura en el centro del debate y que viene comiéndose márgenes en silencio: la logística. En Argentina, mover materiales desde el punto de origen hasta el frente de obra puede representar entre el 8% y el 18% del costo total del proyecto, según el tipo de insumo y la ubicación geográfica. Para el sector de excavaciones y demoliciones, donde la escala y el peso de los materiales son determinantes, ese porcentaje puede trepar aún más. Entender la estructura logística no es un detalle operativo —es una decisión estratégica.
¿Qué incluye el costo logístico en una obra?
La logística de construcción va mucho más allá del flete. Engloba el transporte de materiales desde el proveedor hasta la obra, el movimiento interno dentro del sitio, el almacenamiento transitorio, la manipulación de insumos, la gestión de residuos y escombros, y el retiro de materiales sobrantes o defectuosos. En obras de demolición y excavación, se agrega el traslado de tierras y escombros a vertederos habilitados, que en el AMBA puede implicar distancias de 30 a 80 kilómetros y aranceles municipales específicos. Cada uno de estos eslabones tiene su precio, y en muchos proyectos se presupuestan de forma fragmentada o, peor, se subestiman con valores históricos que no reflejan la realidad del mercado actual. El resultado: sobrecostos que se descubren en ejecución y que nadie quiere pagar.
El impacto del combustible y la infraestructura vial
El gasoil es el insumo oculto de la logística de construcción. En Argentina, la dolarización parcial del combustible —el precio interno sigue al tipo de cambio con rezago— genera volatilidad en los costos de transporte que es muy difícil de absorber en contratos de precio fijo. Una empresa que cotizó el traslado de escombros en enero puede encontrarse con que en marzo el precio del transporte subió un 15% por el ajuste en el surtidor. Pero el combustible no actúa solo: el estado de las rutas es el multiplicador silencioso. Un camión que circula por tramos deteriorados consume un 20% más de combustible, genera mayor desgaste mecánico y tarda más en completar el circuito. En provincias como Chaco, Formosa o Misiones, donde la infraestructura vial está en situación crítica, el costo logístico de obra puede duplicar al de Buenos Aires. Para los empresarios del sector que operan proyectos en el interior del país, esto no es una abstracción: es la diferencia entre ganar o perder en una licitación.
Estrategias para reducir el costo logístico
Las empresas más eficientes del sector aplican tres palancas concretas. La primera es la planificación Just-In-Time adaptada a obra: en lugar de acumular stock en el sitio (con todos los costos de almacenamiento y deterioro que implica), coordinan entregas programadas con proveedores que garanticen ventanas horarias precisas. Esto requiere proveedores confiables y un BIM o software de gestión que anticipe necesidades con suficiente margen. La segunda palanca es la consolidación de cargas: compartir fletes entre empresas que operan en zonas cercanas reduce el costo unitario por tonelada transportada. Hay experiencias incipientes en el sector de demolición donde dos o tres empresas comparten el retiro de escombros de obras próximas, dividiendo el costo del viaje. La tercera es la logística inversa: los escombros no son solo un pasivo. El hormigón triturado y la tierra de excavación tienen valor como relleno o base en otros proyectos. Quien logre articular esa cadena convierte un costo en un ingreso parcial.
Tecnología y visibilidad en la cadena logística
La digitalización empieza a entrar en la logística de construcción, aunque el sector local todavía va a paso lento. Los sistemas de tracking GPS en flotas propias o contratadas permiten verificar rutas, tiempos de ciclo y consumo real versus estimado. Algunas empresas grandes ya usan plataformas de gestión de transporte (TMS) que integran el seguimiento de camiones con la planificación de obra. Pero la herramienta más accesible para PyMEs del sector es algo mucho más simple: la hoja de ruta digitalizada con registro de tiempos reales, que permite comparar presupuesto versus ejecución logística en cada proyecto. Tener ese dato —aunque sea en una planilla— ya es una ventaja competitiva porque permite aprender de cada obra y cotizar con mayor precisión la siguiente. La visibilidad es el primer paso hacia el control.
El costo logístico como variable de licitación
En las licitaciones públicas, el costo logístico raramente aparece como ítem separado. Se subsume en el precio unitario de los materiales o en los análisis de precios agregados. Eso genera distorsión: dos oferentes pueden estar cotizando con estructuras logísticas completamente diferentes, una más eficiente que la otra, y el precio final no refleja esa diferencia de forma transparente. Hay una oportunidad para el sector en impulsar —a través de cámaras como CAEDE— la incorporación de ítems logísticos explícitos en los pliegos de licitación de obras públicas. Esto permitiría comparaciones más honestas entre oferentes y daría visibilidad a un costo real que hoy se oculta en el precio global. Además, en un contexto de ajuste fiscal como el actual, el Estado también tiene incentivos para optimizar sus propios costos logísticos en obra.