El cemento es el insumo más básico —y más revelador— de la actividad constructora en Argentina. Sus datos de producción y despacho funcionan como un índice de actividad casi en tiempo real: cuando el sector crece, el cemento se mueve; cuando se contrae, los despachos caen antes de que cualquier encuesta lo confirme. En 2025, la producción y el consumo de cemento mostraron una recuperación respecto al piso histórico de 2024, aunque con disparidades regionales y tensiones en la cadena que vale la pena analizar en detalle.
Quiénes producen cemento en Argentina
Argentina tiene cuatro grandes productores de cemento que concentran prácticamente toda la oferta: Loma Negra (grupo brasileño Camargo Correa), Holcim Argentina, Cementos Avellaneda y Petroquímica Comodoro Rivadavia (PCR). Cada uno tiene plantas distribuidas en distintas regiones del país, lo que condiciona el abastecimiento local: Loma Negra domina el AMBA y la Pampa Húmeda; Holcim es fuerte en el NOA y Cuyo; PCR abastece principalmente a la Patagonia. Esta geografía impacta directamente en los precios finales, ya que el flete es un componente relevante en el costo del cemento puesto en obra.
Datos de despacho 2024-2025: la recuperación
El AFCP (Asociación de Fabricantes de Cemento Portland) publica mensualmente los datos de despacho, que son el mejor indicador de consumo real. En 2024, los despachos totales cayeron aproximadamente un 20% respecto a 2023, reflejando el freno de la obra pública y la contracción del mercado privado. En 2025, la recuperación fue paulatina: el primer semestre cerró con un alza de alrededor del 12% interanual, impulsada principalmente por la obra privada —edificios, viviendas, obras industriales— ya que la obra pública tardó más en retomar. Los despachos de bolsa (sector informal y autoconstrucción) también mostraron recuperación, señal de que la actividad en el mercado popular de la construcción se reactivó.
Precios: la lógica del mercado concentrado
El mercado del cemento en Argentina es oligopólico: cuatro empresas producen casi todo. Esta estructura tiene consecuencias predecibles en los precios. Históricamente, el cemento argentino fue más caro que el promedio regional medido en dólares. Con la apertura de importaciones de 2024-2025, el gobierno buscó introducir competencia. Sin embargo, el cemento es un producto de bajo valor por unidad de peso y alto costo de flete, lo que limita la competitividad de los importados salvo para obras costeras o muy cercanas a puertos de entrada. El precio de la bolsa de 50kg (el formato más común para obra chica y reventa) osciló entre $4.500 y $6.000 pesos en el AMBA durante 2025, con variaciones significativas según el punto de venta.
Innovaciones: cementos de menor huella de carbono
La industria cementera es responsable de aproximadamente el 8% de las emisiones globales de CO2, lo que la pone en el centro del debate de sustentabilidad. Las grandes cementeras argentinas están invirtiendo en reducir su huella: Loma Negra y Holcim tienen compromisos públicos de descarbonización que incluyen el uso de combustibles alternativos en los hornos y la incorporación de materiales sustitutos del clínker (escorias, puzolanas, cenizas volantes). El cemento Portland compuesto (CPF) tiene menor contenido de clínker que el Portland normal y ya es el tipo más despachado en Argentina. Para los constructores, esto no implica cambios en el uso práctico, pero sí es relevante para proyectos con certificaciones ambientales.
Proyecciones 2026: señales positivas con cautela
Las perspectivas para el consumo de cemento en 2026 son moderadamente positivas. La recuperación del crédito hipotecario, los proyectos de infraestructura energética (gasoductos, energías renovables) y la reactivación parcial de la obra pública son factores que empujan la demanda. En contrapartida, la capacidad ociosa de las plantas productoras es relativamente baja tras años de poca inversión, lo que podría generar cuellos de botella si la demanda crece más rápido de lo esperado. Para las empresas del sector, la recomendación es planificar el abastecimiento con anticipación, especialmente en obras que arrancan en el segundo semestre, cuando la demanda estacional es mayor.