El blanqueo de capitales lanzado en 2024 inyectó más de USD 20.000 millones al sistema financiero argentino. Para el sector de la construcción, esa masa de dinero representa una oportunidad histórica: fondos que buscan activos físicos, proyectos inmobiliarios y obra privada como destino de inversión. ¿Cómo impacta esto en demolición, excavación y construcción en general?
Qué fue el blanqueo y cuánto capital ingresó
El Régimen de Regularización de Activos (Ley 27.743) permitió a personas físicas y jurídicas declarar bienes no registrados pagando alícuotas del 0% al 15% según el monto y la etapa de adhesión. En la primera etapa ingresaron más de USD 20.000 millones, superando todas las proyecciones oficiales.
Una porción significativa de esos fondos se canalizó hacia el sector inmobiliario y la construcción. Históricamente, el ladrillo es el refugio preferido del capital no declarado en Argentina. El blanqueo no cambió esa lógica: la aceleró.
Efecto directo: más proyectos privados en el pipeline
Las desarrolladoras inmobiliarias reportaron un incremento sostenido de consultas desde el tercer trimestre de 2024. Proyectos que estaban frenados por falta de financiamiento privado volvieron a moverse.
En términos concretos, esto se traduce en:
- Mayor demanda de servicios de demolición para liberar terrenos en zonas urbanas consolidadas
- Más licitaciones privadas de excavación y movimiento de suelos para torres residenciales y complejos de oficinas
- Incremento en el pedido de presupuestos de obra gruesa para proyectos que llevan meses en carpeta
Las empresas que ya tenían capacidad instalada fueron las primeras en capturar esa demanda. Las que no, quedaron mirando desde afuera.
Bienes inmuebles como destino privilegiado del blanqueo
La normativa permitió la regularización de inmuebles no declarados, pero también la inversión en nuevas construcciones como destino de los fondos blanqueados. Esto generó una dinámica particular: compradores con capital disponible apuntaron a pozo, preferentemente en proyectos con avance de obra para reducir el riesgo de desarrolladora.
Para las empresas de la cadena de valor de la construcción —desde proveedores de materiales hasta subcontratistas de especialidades— esto implicó una señal positiva. El capital, cuando entra, no lo hace de golpe: se despliega en fases que coinciden con el avance físico de la obra.
Riesgos y limitaciones a considerar
No todo es optimismo. Varios factores moderan el impacto real del blanqueo en la construcción:
Brecha cambiaria y costos en pesos: aun con dólares disponibles, los costos operativos —mano de obra, alquileres de equipos, seguros— están nominados en pesos con alta inflación inercial. La rentabilidad real de los proyectos depende de cuánto se sostenga el tipo de cambio.
Escasez de mano de obra calificada: el repunte de la actividad generó tensión en el mercado laboral del sector. Operadores de equipos pesados, capataces y oficiales especializados escasean, lo que presiona los costos salariales.
Incertidumbre regulatoria: cambios en habilitaciones municipales, normativas de demolición y requisitos ambientales pueden demorar proyectos que en papel ya están financiados.
Qué esperar hacia adelante
La demanda represada sigue siendo el driver más potente. Argentina tiene un déficit habitacional estimado en 3,5 millones de unidades. El blanqueo no resuelve ese déficit por sí solo, pero activa el segmento de mercado que puede pagar, lo que arrastra al resto de la cadena.
Para empresas de demolición y excavación, la recomendación es clara: fortalecer la capacidad de respuesta rápida. Los proyectos que vienen del blanqueo no tienen paciencia para plazos largos. Quien pueda movilizarse rápido, captura el contrato.