La infraestructura aeroportuaria argentina viene siendo objeto de debate desde hace años: aeropuertos que superaron su capacidad de diseño, terminales envejecidas que no responden a los estándares internacionales actuales, y una demanda de pasajeros que —descontando los ciclos recesivos— crece por encima de la capacidad de expansión del sistema. Las obras de expansión de aeropuertos son proyectos de alta complejidad técnica, largo plazo y enorme impacto económico regional. Para el sector de la construcción, representan contratos de gran escala con actores públicos y privados.
El sistema aeroportuario argentino: dónde está el déficit
Argentina tiene 54 aeropuertos bajo la administración del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA) y operados principalmente por Aeropuertos Argentina 2000 (AA2000), la concesionaria que gestiona los aeropuertos más importantes del país. El contrato de concesión, renovado y renegociado en varias oportunidades, incluye compromisos de inversión en infraestructura que son parte del motor de las obras del sector.
El Aeropuerto Internacional de Ezeiza (EZE) es el hub principal del sistema y el que muestra mayor presión sobre su capacidad. La Terminal B, habilitada relativamente recientemente, mejoró la capacidad de procesamiento, pero la demanda sigue creciendo. El Aeroparque Jorge Newbery (AEP), por su parte, opera en un predio muy limitado en superficie, lo que condiciona severamente las opciones de expansión.
En el interior del país, aeropuertos como los de Córdoba, Mendoza, Bariloche, Salta y Neuquén tienen demandas de expansión vinculadas al crecimiento del turismo y la actividad económica regional. Algunos tienen obras en curso o proyectadas; otros esperan financiamiento o definición de los compromisos de inversión de la concesionaria.
Obras en curso y proyectadas: el mapa actual
El mapa de obras aeroportuarias activas en Argentina en 2025-2026 refleja la combinación de compromisos de concesión, demandas del tráfico aéreo y disponibilidad de financiamiento.
En Ezeiza, los proyectos de expansión de la plataforma de estacionamiento de aeronaves, la ampliación de la capacidad de procesamiento de equipajes y las mejoras en los accesos vehiculares son las obras más relevantes en agenda. La logística de obra en un aeropuerto en operación continua —con vuelos las 24 horas— es uno de los mayores desafíos técnicos del sector: trabajar sin interferir con la operación aérea requiere planificación precisa y coordinación permanente con los operadores aeroportuarios.
En el interior, el aeropuerto de Neuquén tiene alta presión por la demanda de Vaca Muerta: el movimiento de ejecutivos, técnicos y operadores del sector petrolero y gasífero genera demanda de vuelos que el aeropuerto actual procesa con dificultad. La expansión de la terminal y la ampliación de la plataforma son proyectos que llevan años en discusión y que eventualmente se van a concretar.
Bariloche enfrenta un cuello de botella estacional: en temporada alta de esquí o de verano patagónico, el aeropuerto opera al límite de su capacidad. La ampliación de la terminal de pasajeros y la modernización de los sistemas de manejo de equipajes son necesidades reconocidas por todos los actores del sector turístico regional.
La complejidad técnica de construir en aeropuertos
Construir en un aeropuerto en operación es una de las tareas más exigentes que enfrenta el sector de la construcción. Los protocolos de seguridad aérea son estrictos y no negociables: cualquier actividad que pueda interferir con las operaciones de vuelo requiere autorización previa, coordinación con la torre de control y ventanas horarias de trabajo muy específicas.
Los movimientos de maquinaria pesada dentro del perímetro aeroportuario están sujetos a restricciones de altura (para no interferir con las aproximaciones de aeronaves) y de operación horaria. Los vehículos y equipos que ingresan al lado aéreo deben cumplir requisitos específicos y su personal debe tener acreditaciones del organismo aeroportuario.
Las excavaciones y demoliciones en áreas operativas requieren un nivel de planificación adicional. Los pozos abiertos, los materiales de construcción y los movimientos de tierra son elementos que, si no se gestionan con protocolos estrictos, pueden convertirse en peligros para la operación aérea. Las empresas con experiencia en este tipo de entornos tienen un diferencial competitivo claro respecto a las que no la tienen.
Para el sector de demolición específicamente, la operación en aeropuertos puede implicar la demolición de antiguas terminales o infraestructuras auxiliares mientras el aeropuerto sigue operando. Este tipo de demolición controlada, con mínima generación de polvo y vibraciones, requiere técnicas y equipamiento específicos.
Oportunidades para el sector constructor
Las obras aeroportuarias ofrecen oportunidades en varios niveles. Las obras de mayor envergadura —expansión de terminales, ampliación de plataformas, nuevas pistas— son contratos de gran tamaño que requieren empresas con capacidad financiera y técnica importante. Estas licitaciones tienen procesos competitivos exigentes y, en muchos casos, se abren a consorcios o UTE entre empresas.
Pero también hay obras de escala media y pequeña que las concesionarias y el Estado licitan regularmente: mejoras en los accesos vehiculares, construcción de estacionamientos, obras de saneamiento y drenaje pluvial, refacción de hangares y edificios auxiliares, instalación de sistemas de iluminación de pista. Estas obras tienen requisitos técnicos específicos pero son más accesibles para empresas medianas bien organizadas.
Las empresas que desarrollen capacidades en construcción aeroportuaria —conocimiento de los protocolos de seguridad, experiencia en trabajo con restricciones horarias y operativas, certificaciones del personal para operar en lado aéreo— construyen un posicionamiento difícil de replicar y acceden a un mercado con demanda sostenida en el largo plazo.
El futuro: demanda aérea y necesidad de inversión
La demanda de transporte aéreo en Argentina tiene una tendencia de largo plazo positiva, aunque con ciclos pronunciados atados al poder adquisitivo y al tipo de cambio. La apertura del mercado de cielos y la entrada de aerolíneas de bajo costo generaron más competencia, más rutas y más pasajeros —lo que presiona al alza la necesidad de infraestructura aeroportuaria.
El modelo de concesión privada de aeropuertos seguirá siendo el principal mecanismo de gestión y financiamiento de la infraestructura en Argentina. La calidad de la negociación entre el Estado y las concesionarias en cuanto a los compromisos de inversión va a determinar el ritmo de las obras en los próximos años.
Para el sector de la construcción, el mensaje es claro: los aeropuertos son infraestructura crítica con demanda de inversión sostenida, complejidad técnica que aleja la competencia de baja calidad, y clientes —concesionarias y Estado— con capacidad de pago. Posicionarse en este segmento requiere inversión en certificaciones y conocimiento específico, pero los retornos son superiores al promedio del sector.