Las vibraciones generadas durante la demolición representan uno de los riesgos menos visibles pero más costosos de la actividad. Un edificio lindero puede sufrir fisuras, desplazamientos de fundaciones o daños en instalaciones como consecuencia directa de las ondas vibratorias producidas por maquinaria de demolición, compactadoras o explosivos. En Argentina, la regulación es fragmentada, pero existen normas técnicas y criterios internacionales que definen los límites admisibles y los procedimientos de control. Conocer este marco puede evitar reclamos millonarios.
Normativa aplicable y criterios técnicos de referencia
Argentina no tiene una ley nacional específica sobre vibraciones en obra, pero existen referencias normativas obligatorias y criterios técnicos de uso extendido. El Decreto 351/79 establece límites de exposición de trabajadores a vibraciones transmitidas al sistema mano-brazo y al cuerpo entero. Para el impacto sobre estructuras adyacentes, la referencia técnica más utilizada es la norma DIN 4150 (alemana, de uso internacional) y la ISO 2631, que clasifican los niveles de vibración tolerables según el tipo de estructura: edificaciones de hormigón modernas (hasta 50 mm/s de velocidad pico de partículas), edificaciones de mampostería antigua (hasta 20 mm/s) y estructuras históricas o muy deterioradas (hasta 5 mm/s). El ingeniero responsable de la obra debe conocer estos valores y monitorear que no se superen.
Fuentes de vibración en demolición y excavación
Las principales fuentes de vibración en obra son: martillo hidráulico sobre brazo de excavadora (la más común), compresor de bote con martillo manual, compactadoras de placa y rodillo, voladuras controladas con explosivos (requieren autorización especial de ANMaC), y en menor medida el tránsito de camiones pesados sobre suelo granular. La vibración se transmite por el suelo y puede afectar estructuras a distancias variables según el tipo de suelo: en suelos arcillosos o saturados, la transmisión es más eficiente y los efectos pueden sentirse a 20 o 30 metros del punto de impacto. En suelos rocosos, la transmisión disminuye más rápidamente.
Relevamiento previo y monitoreo durante la obra
La práctica estándar en obras con riesgo de vibraciones consiste en: realizar un relevamiento fotográfico y de estado de las estructuras linderas antes de iniciar los trabajos, documentando todas las fisuras y patologías preexistentes; instalar sismógrafos o acelerómetros en puntos clave del edificio lindero para monitorear los niveles de vibración en tiempo real; establecer un protocolo de umbral de alarma que detenga los trabajos si se superan los valores límite; y documentar todos los registros con fecha, hora y obra en ejecución. Este procedimiento no siempre es exigido por normativa local, pero es la única forma de demostrar que una fisura en una propiedad lindante preexistía al inicio de la obra o fue causada por otro evento.
Responsabilidad civil y gestión de reclamos
Si una estructura lindante sufre daños durante una demolición, la responsabilidad civil del propietario y la empresa ejecutora es presumida: el afectado solo debe demostrar que los daños aparecieron durante la obra. Sin el relevamiento previo y el monitoreo continuo, es prácticamente imposible refutar ese reclamo. Los costos de reparación de fisuras estructurales en un edificio antiguo pueden superar ampliamente el presupuesto de la obra que los causó. Los seguros de responsabilidad civil de demolición deben incluir cobertura por daños a estructuras adyacentes causados por vibración, cláusula que no siempre está incluida por defecto. Revisá las condiciones de tu póliza antes de iniciar cualquier trabajo de demolición con maquinaria pesada.