Las enfermedades profesionales en construcción no se ven de inmediato. A diferencia de un accidente, se desarrollan con los años de exposición a polvo, ruido, vibraciones y sustancias químicas. Cuando aparecen los síntomas, el daño ya está hecho. Conocer cuáles son las enfermedades más frecuentes del sector, cómo se reconocen y qué derechos tienen los trabajadores afectados es parte de la gestión responsable de una empresa constructora.
El listado de enfermedades profesionales: qué cubre la ley
La Ley de Riesgos del Trabajo (24.557) cubre solo las enfermedades incluidas en el listado oficial establecido por el Decreto 658/96 y sus actualizaciones. Si la enfermedad no está en el listado, no es automáticamente reconocida como profesional — aunque puede serlo mediante el procedimiento de "enfermedad no listada".
Para la construcción, las enfermedades más relevantes del listado incluyen: silicosis (por inhalación de polvo de sílice en corte de piedra, hormigón y cerámica), hipoacusia laboral (pérdida auditiva por exposición a ruido), neumoconiosis (enfermedades pulmonares por polvo), dermatitis de contacto (por cemento, aditivos y pinturas), y enfermedades osteoarticulares por vibración (uso de herramientas neumáticas).
Cada enfermedad tiene definidos en el listado el agente causal, las actividades de riesgo y el grado de exposición mínimo para su reconocimiento. Esto significa que no alcanza con el diagnóstico médico: hay que demostrar la exposición laboral.
Silicosis: la enfermedad más grave del sector
La silicosis es una fibrosis pulmonar progresiva e irreversible causada por la inhalación de polvo de sílice cristalina. En construcción, el riesgo es alto en trabajos de corte de mampostería, demolición, perforación de roca, corte de hormigón y trabajos con materiales refractarios.
La silicosis puede desarrollarse en su forma crónica (por exposición prolongada a bajas concentraciones, con latencia de 10-20 años) o en su forma acelerada (por exposición intensa de 5 a 10 años). En ambos casos, una vez diagnosticada no tiene cura: el tratamiento solo busca frenar la progresión y aliviar síntomas.
Las obligaciones del empleador para prevenir la silicosis incluyen: control de polvo en origen (sistemas de captación, agua), provisión de respiradores con filtro P3, rotación del personal en tareas de alto polvo, y exámenes médicos periódicos que incluyan espirometría y radiografía de tórax.
El incumplimiento de estas medidas no solo genera responsabilidad por la enfermedad: también es un argumento sólido para la acción civil adicional a las prestaciones de la ART.
Hipoacusia laboral: el daño que no se escucha
La hipoacusia laboral es la pérdida de audición causada por exposición prolongada a ruido por encima de los 85 dB(A) durante una jornada de 8 horas. En construcción, los equipos que más daño auditivo generan son: martillos demoledores, compresores, cortadoras de disco, hormigoneras y generadores.
El daño auditivo es acumulativo e irreversible. Cada año de exposición sin protección agrava la pérdida. La legislación exige que cuando el nivel sonoro supera 85 dB(A), el empleador provea protectores auditivos adecuados y realice audiometrías periódicas al personal expuesto.
El Decreto 911/96 establece valores límite de exposición al ruido y la obligación de confeccionar un mapa de ruido de la obra cuando los niveles estimados son elevados. Sin ese mapa y sin la documentación de entrega de protectores, la empresa queda expuesta ante un reclamo por hipoacusia laboral.
La hipoacusia se evalúa mediante audiometría tonal y puede dar lugar a reconocimiento de incapacidad parcial permanente, con la correspondiente prestación de la ART.
Exámenes médicos laborales: obligación preventiva y prueba documental
El sistema de salud laboral prevé tres tipos de exámenes que son obligatorios en construcción:
Examen preocupacional: antes del ingreso del trabajador. Establece el estado de salud basal. Si el trabajador ya tiene una enfermedad, queda documentada como preexistente, lo que limita la responsabilidad futura del empleador.
Exámenes periódicos: durante la relación laboral, con frecuencia que depende del nivel de riesgo de la tarea. Para trabajadores expuestos a polvo, ruido o vibraciones, la periodicidad recomendada es anual como mínimo.
Examen de egreso: al momento del retiro del trabajador. Documenta el estado de salud al finalizar la relación laboral. Es la última oportunidad para detectar enfermedades en desarrollo y para establecer el momento de la exposición.
Todos los exámenes deben ser realizados por médicos del trabajo habilitados y los resultados conservados en el legajo médico del trabajador. Si la empresa no realiza los exámenes o no conserva la documentación, pierde su principal argumento defensivo ante un reclamo por enfermedad profesional.